viernes, 22 de julio de 2011

el arranque

De atardeceres en vértigo y ratos despoblados.
De luces rosadas, vagantes, violentas, fragantes jazmines y ensueños o suspiros.
La voz de la poesía tenía entonces lo casi todo que hubiera pretendido y memoriosa callaba.

--¡Ahí!.-

La borracha trouppe trascendía algarabiando calles, besando, lamiendo, volcando, sonrosando el alumbrado público, rebotando en los destellos...
despertando el ladrido que llegaba desde lejos, invitando al ladrido nuevo, sumando a la marcha su decidido acompañar persiguiendo, portando el reflejo de vela en sus ojos sin blanco, linterna única, único faro.

Andar es ejercer cláramente la voluntad de transitar,
es creer en el aura mágica y sus vapores serenos,
es esperar ver la hora cercana,
el momento rimbombante en que se suman los partícipes,
cuando se confecciona la pequeña lista,
y en trazos de plata se brama el nombre de los nuevos prisioneros…
caudillos inesperados de gigantescos vuelos,
contorsiones y piruetas, seres de discurrencia simple y voluntad reveladora,
ajenos y propietarios,
eternos,
casi gitanos,
reparto tambaleante de la gran aventura.

...

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