gigantesca torre y plateada azotea,
asomado al trampolín donde suicidan los sueños,
te arrojo el corazón de 1000 pedazos,
alado corazón paracaidista
sembrando los vacíos de tus balcones
con filigranadas marcas de agua,
no para que florezcan en macetas,
ni para que las riegues cada dos martes,
te lluevo la noche en osadía colorada
para que despiertes al lucero
y me pestañees enervada,
o ancles en estrellas
y me acaricies del jopo a las nubes
replegando tu paragüas
y si hago tierra en ventanal cerrado
me marcharé del suelo y más del cielo
como cada día, a refugiarme de horizonte
dejando boba la estela que va,
con los ojos hinchados,
desde el brutal desconocimiento
hasta el lugar donde hace Fluuuffff, para afeitarme.

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